jueves, 12 de abril de 2007

"Si perdemos el clásico voy a estar triste, pero Passarella seguirá en River"


El presidente millonario, José María Aguilar, respaldó incondicionalmente al técnico y dijo que seguirá al frente del equipo hasta diciembre de 2009.

El presidente de River, José María Aguilar, respaldó una y otra vez a Daniel Passarella como director técnico del club. A pocos días para el superclásico, nuevamente salió al frente del aluvión de interrogantes que se plantearon acerca de la continuidad del entrenador y dijo que no estará en riesgo aunque pierda frente a Boca.

La caída del último jueves ante Caracas, que eliminó a River de la Copa Libertadores, sumada a la irregular campaña en el Clausura, potenció los rumores sobre si Passarella seguiría en el club de Núñez. En una extensa charla con el programa 90 minutos de fútbol , por Fox Sports, el presidente de la entidad millonaria expresó su opinión sobre los temas que se apoderaron de la actualidad del club.

La continuidad del Káiser I. "Si perdemos el clásico voy a estar triste, pero Passarella seguirá en River. El apocalipsis pasa por otros carriles. Es un partido de fútbol, hay que entender de qué se trata".

La continuidad del Káiser II. "Creo que seguirá, es nuestra idea y la de él. Aspiro a que River le gane a Boca y salga campeón. Uno siempre es optimista. Creo en el cuerpo técnico y en los jugadores. El deporte implica la posibilidad de ganar o de perder. No advierto que uno, dos o tres resultados modifiquen un proyecto. Hay una cuestión pública de escarnio, de crítica muy dura que te hace pesar la mochila. El camino sencillo es otro al que yo advierto, pero esto es lo que nos llevó a ser dirigentes de River."

La continuidad del Káiser III. "El plazo está dado por lo firmado. El contrato dice que Passarella tiene vinculo hasta diciembre de 2009. No hablo del contrato por un tema místico, sino como elemento por tener en cuenta. Los proyectos a largo y mediano plazo son exigidos por muchas personas, pero después cuentan que fue eliminado de la Copa, encadenan los campeonatos perdidos y se preguntan hasta cuándo resiste el entrenador. Colaboramos medios, jugadores, técnicos y dirigentes a esa locura. No se me ocurre poner un plazo, después está el hartazgo de cada uno."

El supuesto contacto con Bielsa. "Yo con Bielsa me reuní en agosto de 2002, después de la eliminación del Mundial. Fue la última vez que hablé con él, nunca más volví a hablar con él ni con nadie de su cuerpo técnico."

Ortega I. "El último lunes estuve con Ariel. «Depende de vos», le dije, «de tus ganas». El técnico es el que determina quién juega. River cree en sus condiciones futbolísticas. Y lo trajimos porque él quería estar en esta casa, a la que le brindó muchas satisfacciones y estamos contentos con que forme parte de ella."

Ortega II. "Ortega es un muy buen jugador de fútbol. En el 95% de las veces tiene pasos para adelante, aunque otros pasos son para atrás. A veces es difícil conciliar su rumbo con la vida de alto rendimiento. En esta inteligencia, creo que el técnico cuenta con el jugador y tiene derecho a exigir determinados comportamientos. Mi charla con Ariel fue propia de dos personas que se tienen afecto y se conocen desde hace años. El sabe que nos gusta que sea parte de River."

El esfuerzo del plantel. "El fenómeno de la gente, el "pongan h...", es un átomo cultural. El problema de River no ha sido de energías puestas o no en la cancha, de esfuerzo, garra o corazón. A River le faltó fútbol, juego. Pero es difícil que la gente pida juego, es más audible otro tipo de peticiones."

Los reproches del público. "Que se vayan todos es una liturgia de 2001 y no se fue nadie. Es una expresión de bronca ante una cuestión futbolística y entiendo a los que lo gritan. En este club me he criado, he crecido, pasé los mejores momentos de mi vida y acompañé los fracasos de mi vida personal. Me siento parte. Sentirse agraviado por aquellos que son tus compañeros de ruta me genera tristeza."

Los jugadores que se utilizaron poco. "River compró a Ruben, Villagra y Ojeda porque eran pedidos; se trajo a Ponzio, a Rosales y hemos hecho una intervención trascendente en el mercado. A quién se pone o no es un tema estrictamente del técnico. En este momento, tengo la obligación de ser discreto y cauteloso, cualidades que no me distinguen habitualmente. Pero en este momento es mejor así."

Las disidencias en la CD. "El último martes hubo una reunión de bloque muy enriquecedora. River vive un momento duro, impensado. Hubo expresiones de distinto calibre y de distinto tono, pero con una enorme mayoría de apoyo al proceso futbolístico."

¿El peor momento como presidente? "Es un momento poco feliz, no se puede calificar la jerarquía de las dificultades. Los temas futbolísticos van y vienen y uno vive el último partido como el peor, el más dramático. La obligación que uno tiene cuando conduce es plantear serenidad. Todos tienen derecho a mostrar sus inquietudes".

*5 son los entrenadores que contrató Aguilar en sus mandatos: Ramón Díaz, Pellegrini, Astrada, Merlo y Passarella.

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Ya esta los 11


Daniel Passarella probó esta mañana por primera vez el equipo que tiene en la cabeza para jugar el domingo contra Boca. ¿Novedades? Nasuti y Lusenhoff aparecieron como centrales, mientras que Tuzzio se movió en el lateral izquierdo. En el medio irían Fernández, Ahumada, Ponzio y Belluschi. Y arriba, la dupla Rosales-Rubén. Sin más misterios, entonces.

Daniel Passarella ya tiene los once nombres para enfrentar el domingo a Boca, en La Bombonera. Y, con relación al partido contra Belgrano de Córdoba, el Kaiser hará cuatro cambios. ¿Quiénes serán los titulares? Carrizo; Ferrari, Nasuti, Lussenhoff, Tuzzio; Augusto Fernández, Ahumada, Ponzio y Belluschi; Rosales y Marcos Ruben.

En la práctica de hoy, el técnico fue separando de a grupos a los jugadores que estarán desde el arranque en el Superclásico para ir hablándoles y dándoles las últimas indicaciones. Primero lo hizo con los hombres de ataque: Rosales, Ruben y Belluschi. Y luego con Augusto Fernández, Ahumada, Ponzio, Tuzzio, Ferrari y Nasuti.

Todavía no está confirmado si Ariel Ortega ocupará un lugar en el banco de suplentes, aunque por lo que se pudo apreciar en la semana, es casi seguro que el Burrito se quedará afuera.

El partido comenzará el domingo a las 16, y será arbitrado por Sergio Pezzota. Passarella sabe que se trata del encuentro más importante que le queda a River en el semestre. Y, pese a que el presidente José María Aguilar, declaró que continuará sea cual sea el resultado, él mejor que nadie es consciente de lo importante que sería un triunfo en La Boca para calmar las aguas en Núñez.

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Cebolla no se hace la rabona


Sciorilli debutó en una tarde caliente y tiró un lujo que aprendió en su barrio. Y ahora sueña con estar en la Bombonera.

Ahí, sobre el asfalto del Pasaje Clemente Medina, en la frontera entre Pompeya y Parque Chacabuco, el nenito más calentón de la cuadra aprendió a esquivar baches y autos, enojos de la vieja María y patadas rivales. Ahí también sus amigos lo bautizaron Cebolla por su facilidad para las lágrimas frente a dos situaciones: perder un picado o soportar a su papá cuando le avisaba que ya era hora de guardar la pelota. Ahí mismo, ahora ya sin los buzos que simulaban ser arcos virtuales, Sebastián Sciorilli ensaya la rabona que aprendió en esa geografía y que practicó el domingo en su debut oficial en Primera.

En este rincón del mundo, el chico de la camiseta 31 abre la casa de toda la vida. Sirve Coca y unos mates en la mesa en que reconstruye con sus dedos las dos jugadas que más gritó en su vida. ¿Cuándo? En Prenovena. ¿Dónde? En Casa Amarilla. ¿Contra? "Ante la camiseta que más bronca le tengo, porque soy fanático de River, desde siempre". ¿Cómo? "Faltaban cinco minutos para el final y perdíamos 1-0. Nos estábamos quedando afuera del Octogonal. Y como en las películas, la fiesta llegó en los últimos segundos. Primero pude desviar un centro de Mariano Berriex. Después, recibí un pase de Ferrabuto en el área, encaré, amagué y la toqué suave, abajo, a la derecha". Ni que hablar de las ganas que alimenta en su cuerpo desde que el domingo dejó la imagen de los juveniles que prometen.

Todo fue de golpe en la vida de 17 años de este enganche o media punta. No esperaba ser citado para participar de la pretemporada. Mucho menos compartir pieza en el Costa Galana con Ortega ("era mi ídolo y hoy lo quiero más"). Y tampoco debutar en un partido tan chivo. "Estaba nervioso en la previa porque Daniel había anticipado cambios. Pero cuando supe que jugaba, me tranquilicé. No tuve tiempo de avisarles a mis viejos porque me enteré a una hora del partido y estábamos por hacer la entrada en calor".

El barrio cambió desde el domingo. "No juegues más que me obligás a ver fútbol", le grita el tapicero de la esquina, poco adepto a la pelota. Papá Cali llega con el orgullo inflado. Mamá Lita se repone luego de los nervios de una tarde inolvidable. "Yo recibí mensajitos y me decían que mi hermano estaba loco por la rabona que tiró", cuenta Giselle. En esta casa todos parecen haber debutado en Primera, cada uno a su manera. "Uno se pone a pensar en que jugué el partido que esperé durante los últimos diez años", cuenta el Cebolla, y no se agacha ante ese comentario que lo señala como uno de los pibes mandados al frente por Passarella. "Me sentí respaldado por Daniel. Confió en mí y traté de agradecerle. Es la persona que me hizo cumplir un sueño. Traté de demostrarle que puedo jugar", aclara.

En el patio todavía hay huellas de la infancia. Sebastián se entrenaba con las sillas como conitos. Otra prueba era mandarse un centro con un pelotazo alto y cabecear en el arco formado por una de las puertas que da a su pieza. Las rabonas nacieron por necesidad: la zurda la tiene básicamente para apoyar. "Baldassi me felicitó porque la hice cuando íbamos perdiendo. El fútbol lo vivo así. Lo tomo como una obligación porque me gustaría dedicarme a esto, poder vivir de la pelota. Pero es mi vocación, me divierto".

El 42 pasa a un par de cuadras. Es el bondi que se tomó desde siempre para ir al Monumental. Ahora usa más el número 31, el de la camiseta que ya tiene forma de cuadro en su cuarto. La de su debut. La que quiere transpirar de nuevo ante Boca. "Ojalá tenga un lugarcito", sueña despierto.

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O maior súper do mundo


El Boca-River es un clásico de exportación y, para demostrarlo, tuvo su primera edición en otro país. ¿Sabés dónde? ¡En Brasil! Una aventura difícil de imaginar.

El mundo es inmenso cuando se lo mira de tan abajo, desde lo más profundo de la pobreza. Todo parece inalcanzable, como si ese todo fuera otro mundo. Pero ahí anda y a lo impensado se llega sin pensarlo, quizá "por lo que sólo el fútbol puede crear", según le explica, sorprendido, André Gallindo a Olé.

Lo que Gallindo no sabía era que la sorpresa puede ser aun mayor cuando esa ocurrencia le escapa a una simple movida originada en una de las regiones más precarias de Brasil. Ahí, al noreste de un país con 27 estados, Pernambuco y Paraíba son vecinos. Humildes. Con sus curiosidades. En Pernambuco hay un municipio que se llama Buenos Aires (12 mil habitantes). En Paraíba está Asunción (4.000). Gallindo es un cronista que vive en Pernambuco y un día iba en la ruta rumbo a Paraíba. Lo alertó ese cartel que daba la bienvenida a Asunción. "Quise saber de qué se trataba y un DT de fútbol me contó de River, un club amateur. Al enterarme de que en Buenos Aires estaba Boca, pensé: ''Cómo no armar un superclásico''". Lógico. ¿¡Un River-Boca en Brasil te parece lógico!?

Gallindo fue el encargado de atar los hilos de esta historia increíble. Se contactó con Zé Paulo, fundador, presidente y capitán boquense, que enseguida dio con Beto, de mismas funciones e inmejorable apodo en River. Le metieron pata, con entusiasmo inédito y la complicidad de que la aventura estaría en la pantalla de Rede Globo. Impensado. Sobre todo para los jugadores, mayoría de agricultores, todos de escasos recursos, nada que ver con las grandes luces y ahora iluminados por una ilusión.

La 1 edición del súper verdeamarelo caminaba. La única radio comunitaria de Baires convocó a los torcedores, que en micro emprendieron un viaje de 240 km. hasta Asunción. Ahí, hace tres domingos los esperaban de manera muy diferente a los verdaderos clásicos. Si en La Boca habrá 850 efectivos, allí eran dos. Si en la Bombonera ya no quedan lugares, alrededor de un campito de tierra en Paraíba había menos de 300 personas. Y el 1-1 dejó a todos contentos. Fue una fiesta. Tan distinta y en un punto parecida. River-Boca, o maior súper do mundo.

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Sobre Burrito llovido, mojado.


Ortega practicó como uno más bajo un diluvio, pero igualmente es muy difícil que el domingo vaya al banco.

Sale el sol. Sí, increíble, pero las nubes se corren, poco, apenas para dejar un hueco luminoso. Y en ese instante se observa, allá a lo lejos, muy lejos, al Burrito. Ariel Ortega trota, toma la pelota, levanta la cabeza y engancha, acelera, mete el freno y patea al arco. ¿Gol? Cerca. Daniel Passarella no elogia, sólo asiente con la cabeza, mira y arroja otra pelota al rectángulo en el que el jujeño, Lussenhoff, Galván y el pibe Lillo enfrentan, en un reducido, al mini team de pechera azul con Lima, Nasuti y dos juveniles.

En la segunda práctica de Ortega con el Kaiser después del faltazo del jueves (con River en Cúcuta), el delantero fue uno más en los trabajos a puertas cerradas del equipo: tres estaciones, una con fútbol en media cancha, otra de picado más reducido con arcos pequeños (con Sabella al mando) y por último ejercicios de definición conducidos por Pitarch. Ariel se entrenó sin problemas, con ganas. Ni siquiera aminoró la marcha cuando a las 10.45 empezaron a caer gotones del cielo, minutos antes de que la lluvia se convirtiera en diluvio y el técnico adelantara el final de la práctica. Sin embargo, la intención del cuerpo técnico sigue firme: excluir al Burrito del superclásico.

¿Por qué? Porque considera que, si antes de la recaída estaba para jugar apenas un rato, ahora ni siquiera eso. ¿A pesar de que está suspendido Farías, lesionado Falcao y recién recuperado Rosales? Sí. ¿Aunque el jugador haya dicho el martes que pagaría por estar en La Boca? A pesar de todo. "Hay un 90% de chances de que no vaya al banco", acercó un allegado al DT, que también sostuvo que no gustaron las declaraciones de Ortega. Passarella no se siente presionado por la necesidad de puntos ni por la escasez de atacantes. No le teme a otra tormenta...

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Rosales se somete hoy a la prueba final


Mauro Rosales sigue evolucionando de la lesión (contractura en el isquiotibial izquierdo). Ayer se entrenó a la par de sus compañeros y hoy participará de la práctica de fútbol. Si responde bien, como se estima, el domingo será titular en La Boca.

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Una pelea cada vez más dura


Aunque un triunfo ante Boca calmaría el malestar, son muy pocos los directivos que apoyan al DT.

Aguilar y Passarella están unidos, tiran para el mismo lado: el banco de River. Pero este fuerte lazo (para algunos "caprichoso"), ya generó rupturas entre los dirigentes. El presidente cada vez tiene menos aliados que apoyen su decisión de bancar al Kaiser en cualquier circunstancia. Antonio Caselli pidió que junio sea el límite, Norberto Alvarez renunció al Consejo de Fútbol, a Héctor Cavallero le molestó que el DT se metiera en política... Incluso, en los pasillos del club aseguran que ni Mario Israel, su fiel ladero, coincide con JM. Crece el rumor de que fue el secretario quien habló con Bielsa, algo que Aguilar no desmintió ni confirmó en la intimidad. También se escucha nombrar a Gallego...

Un triunfo ante Boca calmaría el revuelo. ¿La derrota provocaría la caída del Kaiser? Parece difícil, al menos en forma inmediata.

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Los tres deseos


Augusto Fernández cumplió años justo en la semana del superclásico, pidió "jugar en La Boca", "que gane River" y "hacer un gol" para que la fiestita sea completa. También avisó: "El domingo nos jugamos todo".

El nene está grandecito. Con sus flamantes 21 abriles, ya no necesita permiso de Walter y Julia, sus papis, para nada. "Ahora me las tengo que arreglar solo", bromea Augusto Fernández en la intimidad de su hogar, acostumbrado a madurar de golpe luego de verse obligado a dejar su casa de Pergamino para mudarse a Núñez, en el 97.

"Fue muy duro irme tan chico. Extrañaba mucho cuando estaba en la pensión. Tanto, que en el 2002 me bajoneé y me volví. Jugué un año en Provincial hasta que me di cuenta de que lo único que quería era ponerme la camiseta de River", recuerda este fanático de Douglas Haig, el club más famoso de su ciudad.

Para un pibe con ese objetivo, los días que corren no son días comunes. Hace dos semanas, Passarella le volvió a dar una chance después de mucho tiempo. Y el Negro la aprovechó. Asomó un poquito por encima del bajo nivel general ante la Liga, Caracas y Belgrano, la noche que convirtió su primer gol oficial, justo cuando sus padres, sus hermanos y su novia estaban en la cancha. El abrazo emocionado con papá Walter en el anillo del Monumental, antes de volver a casa, fue el broche de un domingo que no olvidará.

Los festejos en familia siguieron el martes, día en que Augusto sopló las velitas. "Traje la carne desde Pergamino, pero la hicimos al horno porque se tiene que cuidar", lo mima Walter. Y ahora, cuando las horas previas al superclásico se consumen, uno de los primeros juveniles que el Kaiser hizo debutar en su vuelta se ilusiona con ser titular contra Boca por primera vez: "Sería un sueño. Me voy a matar toda la semana para tener un lugar en el equipo. Estar el domingo en la Bombonera es uno de los deseos que pedí en este cumpleaños".

¿Y si los completás, Augusto, qué pedirías? "Obviamente, ganar. Y lo máximo, encima, sería hacer un gol en La Boca. Ahí me vuelvo loco, no sé cómo lo festejaría", se entusiasma mientras sopla las velitas acompañado por Leandro y Valentín, su novia Belén, y sus primos Mariano y Andrea, todos los que viajaron especialmente para estar con él. "Y, hacía mucho que no pasaba un cumpleaños con ellos...", lo disfruta el volante.

—Para que la fiesta sea completa, faltaría un triunfo en el clásico...

—Y, sí. Es el único resultado que se me pasa por la cabeza. Los clásicos son partidos extras donde no vale la estadística, la tabla de posiciones ni nada.

—¿Podrán salir del pozo justo en la Bombonera?

—Es un momento complicado para nosotros y tenemos que estar muy unidos, porque es la única manera de salir. Nos vamos a romper el alma, como lo venimos haciendo en cada partido, y confío en que la racha negativa se va a cortar.

—Al menos para vos, en los últimos días las cosas cambiaron.

—Sí, porque tuve la oportunidad de jugar tres partidos seguidos. Pero no me siento el dueño del puesto ni el titular indiscutido. Tengo que entrenarme a muerte día a día para aprovechar cuando me den la chance. Por suerte, me siento bárbaro física y futbolísticamente. Y eso me ayuda.

—Van a tener que soportar los silbidos de la gente de Boca. ¿Pero será más fácil sin los insultos de los hinchas de River?

—Nosotros sabíamos que el domingo iba a pasar lo que pasó. Y fue entendible porque el hincha quiere que River gane, igual que nosotros, pero lamentablemente no se nos están dando los resultados. Ese día intentamos no desconcentrarnos, aunque fue difícil.

—Más presión antes de Boca, imposible.

—El domingo nos jugamos todo, igual que en las nueve fechas que vendrán después. Porque nuestro objetivo es ganar el Clausura.

—¿Si hay un penal, lo pateás como en la definición en Mendoza?

—(Se ríe). Primero vamos a ver si juego, no me quiero adelantar. Y después no creo que me toque porque no soy el encargado, aunque lo patearía con gusto. Aquel fue espectacular, mi primer gol a Boca por más que haya sido en una definición por penales.

—¿Estabas asustado antes de patearlo?

—No, tenía los nervios lógicos por estar ante la chance de definir un superclásico. Pero cuando caminé hacia el arco, ya sabía que la iba a cruzar, abajo, y que la metía. Ese fue un momento que soñé miles de veces, pero vivirlo fue más impactante. Algo muy fuerte, un regalo de Dios para mí y mi familia, que se esforzó muchos años para que pueda vivir esto.

—¿Esa imagen se va a repetir el domingo?

—Ojalá, sería un regalón.

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